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Beneficios del gateo

 

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El desarrollo de los niños difiere en tiempos y formas. La predisposición genética y el entorno, el ambiente en el que se desarrolla el bebé marcan las diferencias entre unos y otros.

No todos los bebés pasan por la fase de gateo (entre los 7 y los 12 meses aproximadamente), pero no por ello el gateo deja de ser una actividad sumamente importante en el desarrollo de los pequeños de la casa.

Es más, dados todos los beneficios que aporta, sería interesante  favorecer el entorno y el ambiente para propiciar el gateo, incluso fomentarlo de forma activa a través de ciertas actividades.

Aporta beneficios a nivel anatómico, motor, sensitivo,  neurológico y de autonomía.

Desarrolla el patrón cruzado, función neurológica que hace posible el desplazamiento organizado y equilibrado del cuerpo.  Se coordina brazo derecho con pie izquierdo y brazo izquierdo con pie derecho.

Veamos los beneficios del gateo:

  • Se conectan ambos hemisferios cerebrales y crea rutas de información, lo que permitirá que la información pase de un hemisferio a otro más rápido. Esto construye las bases de funciones superiores de movimiento y cognitivas.
  • Desarrolla el sistema vestibular y el sistema propioceptivo, los cuales se encargan de informarnos de donde se encuentran las partes de nuestro cuerpo. Son quienes nos ayudan a crear un movimiento armónico y rítmico. El sistema vestibular se encarga de nuestro equilibrio.
  • Le proporciona mayor capacidad respiratoria, mayor oxigenación del cerebro por tanto.
  • A través del gateo, el bebe aprende a manejar la gravedad.
  • Desarrolla la convergencia visual y posibilita el enfoque de ambos ojos.
  • Permite desarrollar en las manos la motricidad fina.
  • Potencia la visión periférica que es la que nos permite orientarnos por el espacio
  • Ayuda a establecer la futura lateralización
  • Desarrolla la percepción temporal y espacial tras descubrir la velocidad y la distancia ayudándole a medir el mundo que le rodea.
  • Facilita el aprendizaje de la lecto- escritura a través del desarrollo de la coordinación cerebral ojo mano
  • Fomenta el desarrollo de la planificación motora
  • Estimula la conciencia corporal y espacial, descubre el tamaño y la ubicación de su cuerpo, conceptos importantes para la adquisición de la lecto -escritura y las matemáticas.
  • Se tonifican los músculos de brazos, hombros, espalda y cuello. Se fortalecen las articulaciones, lo que favorecerá mantener la columna recta en bipedestación.
  • Aprende a ponerse de pie, volver al suelo, sentarse etc. lo que le permite desplazarse a su antojo fomentando su autonomía e iniciativa.
  • Encontrará sus primeros problemas a solucionar: como llegar a un objeto, cómo subir un escalón etc. lo que despertará su inteligencia.
  • Entrena los reflejos de caída, algo muy útil cuando comiencen a andar, pues sus caídas serán menores.

Por todo esto es importante no quitarles la oportunidad de moverse a sus anchas por el suelo, reducir o eliminar el uso de hamacas, cochecitos, parques, tronas fuera de las comidas etc. La forma de controlar el ambiente para que el niño gatee, es precisamente no disponer de tanta objeto “retenedor de niños”. Volver a la crianza que más ha predominado a lo largo de la humanidad. Y es que esos pequeños inventos son muy recientes en nuestra historia.

Quizá aún sin quitarles dicha oportunidad, o dicho de otro modo, devolviéndoles la oportunidad de moverse a sus anchas, de ser ellos mismos, seguimos viendo que pasan las semanas y el niños no gatea, podemos  pasar tiempo con ellos en el suelo, con pequeños juegos que inciten el gateo.

Lo mejor que podemos hacer por ellos, es eliminar del entorno todos los peligros, adaptando la casa a nuestros pequeños y dejarles en libertad la posibilidad de desarrollarse y experimentar.

Ainhoa Muñoz

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La muerte y el duelo en los niños

La muerte y el duelo en los niños

El tratamiento que se da a la muerte en las sociedades, viene generalmente determinado por la religión que predomina en dicha sociedad.

Si nos encontramos en lugares donde el hinduismo es la religión practicada, el tema de la muerte, lejos de ser un tema tabú como en nuestra sociedad, se trata con libertad y tranquilidad, puesto que para ellos es simplemente el comienzo de una nueva etapa. Llega la reencarnación.

Sin embargo, si la religión prioritaria utiliza el miedo a la muerte para que sus fieles se agarren con fuerza a la fe, al igual que para incorporar nuevos creyentes, el tema de la muerte, se convierte en un tema tabú. Conviene que sigamos teniéndole cierto temor, por lo que es mejor no hablar de ella.

Por desgracia, este enfoque sobre la muerte tiene consecuencias directas en todos nosotros. Nacemos sabiendo que vamos a morir, es ineludible. Así mismo, crecemos y vivimos en un mundo en sociedad donde establecemos múltiples relaciones personales, apegos, vínculos etc. por lo que vivimos la muerte de los otros desde que somos bien pequeños hasta el final de nuestros días.

Siendo algo tan natural y común en la vida de todos, lejos de aprender herramientas que nos ayuden a prepararnos para la muerte del otro o la nuestra propia, intentamos esconderla, hacer que no pasa nada, que estamos mejor de lo que realmente nos sentimos.

Las reacciones de los niños frente a la muerte propia o ajena depende de sus características individuales (temperamento) y madurativas (edad de desarrollo), de su trayectoria vital, de la propia reacción de las personas significativas de su entorno inmediato, de las circunstancias de la muerte y de la importancia y cercanía (real y figurada) de la persona que ha muerto. La comprensión racional depende de su grado de desarrollo cognitivo, mientras que la reacción global y el grado de adaptación dependen también de su desarrollo emocional y del tratamiento que le de el entorno a dicha situación.

Comprensión racional

En mi opinión no hay que mentir a los niños cuando alguien querido fallece. Sin embargo, conviene adaptar la realidad a su edad y su entendimiento, para ello es necesario conocer qué entiende por muerte, un niño en diferentes edades. Por ejemplo, sobre los 4 años creen que es temporal y reversible, posiblemente contagiosa, y piensan que el muerto respira y siente, entre otras muchas cosas. Por lo tanto, es importante hablarle al niño desde su propio mundo, pero introduciéndole el tema de la muerte sin mentiras. No valen las frases como que el perrito se durmió en un largo sueño, o que el canario salió volando en busca de su mamá.

Desarrollo emocional

La base de desarrollo e inteligencia emocional del niño determinará en gran medida el desarrollo de su duelo y la compresión de la situación. Una vez más según la edad del niño, su capacidad para reconocer lo que siente, o para saber expresarlo variará, por lo tanto nuestros comentarios y acciones al respecto también. No sólo va a depender de la edad, si no también de su inteligencia emocional, es decir, de cuanto haya trabajado el niño las emociones en casa y / o en la escuela. A día de hoy, aunque cada vez menos, las emociones siguen sin tener el sitio y el espacio que les corresponde en escuelas y hogares.

Tratamiento del entorno al tema de la muerte concreta de un ser querido.

Un niño sabe y entiende por lo que le cuentan pero también por lo que ve, lo que percibe y lo que siente, que suele ir en consonancia con los sentimientos de los adultos, por la propia empatía. Por tanto un niño unirá sus intuiciones a sus ganas de saber qué ocurre e inventará su propia historia, limitada por su desarrollo cognitivo y condicionada por su edad y las características psicológicas propias de esta, por lo que es probable que aumente su malestar, lejos de sentirse mejor, como los progenitores creen.

Ocultarles la verdad no le protege, los deja más indefensos. De la misma manera, ocultar lo sentimientos propios delante de los niños, e intentar aparentar ser fuertes, lejos de aportarles seguridad y apoyo, les transmite enseñanzas erróneas sobre la gestión emocional.

Cada día se hace más evidente la necesidad de tratar el tema de la muerte como un asunto más de la vida, y no sólo en los momentos en los que fallece un ser querido. Además es necesario que los adultos maduremos en este sentido, y seamos capaces primero de entender y aceptar la muerte de forma sincera para que podamos ayudar a nuestros pequeños en esos momentos que a todos nos toca vivir con tristeza.