Equinoterapia Social: el caballo como herramienta terapéutica

Caballos terapia
Equinoterapia social

La Equinoterapia Social es la combinación de la técnica de la equitación y el conocimiento del comportamiento del caballo (etología equina) con la necesidad de educar y/o reeducar determinadas actitudes personales o de un colectivo.
El objetivo de la Equinoterapia Social es aprovechar la relación con el caballo (creación de vínculo afectivo) para ayudar a personas en dificultad social a superar sus conflictos.
Si algo diferencia a esta modalidad terapéutica de otras es que, gracias al desarrollo del vínculo afectivo que se establece con un animal (el caballo en este caso), la posibilidad que ofrece el entorno natural donde se desarrollan las sesiones, y sobre todo, a la motivación de las personas, los objetivos que persigamos serán más fáciles de lograr, porque el esfuerzo por conseguirlo también incluye el disfrute.
La práctica de la equitación lleva implícita, las necesidades de auto control de las emociones, aspecto clave para fomentar el bienestar y mejorar la calidad de vida de cualquier persona.

  •  Al comunicarnos con el animal; utilizamos nuestra inteligencia emocional. Hemos de comunicarnos con nuestro cuerpo, con nuestra mente y con nuestra mirada (comunicación verbal y no verbal).
  • El caballo se adapta a la realidad de la persona; pero a la vez exige lo mismo a cambio, con lo que provoca una modificación de conducta
  • Aumenta la autoestima y responsabilidad, facilitando las relaciones interpersonales y la integración social.
  • Puede ayudar a superar fobias, miedos e inseguridades.
  • Enseña la importancia de: Reglas, Normas, Seguridad, Orden
  • Mejora el estado emocional, disminuye el estrés y la ansiedad
  • Promueve la sensación de bienestar, motivando la continuidad del tratamiento.
  • Fomenta el trabajo en equipo, con el caballo y con el resto de participantes en las sesiones.

El caballo requiere un trato firme, coherente y justo, enseñándonos a desarrollar dichas habilidades. Además, facilita que aprendamos tanto a adaptarnos y responder a lo que está sucediendo en el momento, como a emprender acciones basadas en la previsión de consecuencias (ej. para evitar el peligro o evitar escaladas en situaciones de conflicto). Estos beneficios pueden generalizarse al trato con las personas, incluido uno mismo.