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10 beneficios psicológicos de montar a caballo


Cuando uno llega a la cuadra y se encuentra de frente con el caballo comienza una comunicación entra ambos que no cesará en ningún momento durante su tiempo juntos. Un baile de emociones mutuas, de peticiones, de entendimiento y comprensión, de confianza.

Y es que montar a caballo no es montar en bici, en moto, o en monopatín. Es montar sobre la loma de un ser vivo, inteligente y sobre todo sensible, con una capacidad de empatía tan grande que resultará imposible engañarle sobre nuestro estado emocional. Y es por esto precisamente que la práctica de la equitación proporciona innumerables beneficios psicológicos, sociales y físicos.

Existen varias terapias donde el caballo es el medio terapéutico para lograr alcanzar los objetivos de diferentes colectivos. Personas con discapacidades físicas o psíquicas, con problemas de adaptación social, de comportamiento, o con alteraciones psicológicas y emocionales practican equinoterapia con unos resultados de mejoría excelentes.

Veamos 10 beneficios psicológicos de montar a caballo

1. El caballo espera un trato firme, coherente y justo, que le permita confiar en nosotros. La práctica de la equitación lleva implícita la necesidad de auto controlar nuestras emociones.

2. Crece la confianza en nosotros mismos conforme vamos siendo capaces de comunicarnos con el animal y de llevar a cabo las tareas propias, tanto pie a tierra, como los cuidados del caballo, como durante la monta.

3. Al comunicarnos con el animal utilizamos nuestra inteligencia emocional, puesto que nos comunicaremos con nuestro cuerpo, con nuestra mente y con nuestra mirada, trabajando la comunicación no verbal.

4. El caballo se adapta a nuestra realidad y exige que nosotros nos adaptemos también a la suya, por lo que modificaremos nuestras conductas acorde a esta situación.

5. Mejora nuestra autoestima facilitando las relaciones interpersonales y la integración social.

6. Aumentan nuestras responsabilidades lo que nos aporta una mayor independencia y libertad.

7. Mejoran nuestras inseguridades conforme aumenta nuestra confianza. Se reducirán miedos y fobias antes presentes en nosotros.

8. Interiorizamos la importancia de las reglas, las normas, la seguridad y el orden, aspectos imprescindibles a la hora de disfrutar de la equitación de forma conjunta, caballo -jinete.

9. Mejora nuestro estado emocional en términos generales, disminuyendo el estrés y la ansiedad, lo que se refleja en una mayor sensación de bienestar.

10. Potencia la intuición, la capacidad de reacción y la planificación según las consecuencias.

Es un deporte que puede disfrutarse en familia, con amigos, o en soledad, por entornos de naturaleza que reconfortan. Una actividad de entretenimiento, diversión y esfuerzo. Donde lo mejor viene determinado por la relación que creamos con el caballo, un amigo sin igual que nos entenderá y acompañará durante todo nuestro camino común.

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La muerte y el duelo en los niños

La muerte y el duelo en los niños

El tratamiento que se da a la muerte en las sociedades, viene generalmente determinado por la religión que predomina en dicha sociedad.

Si nos encontramos en lugares donde el hinduismo es la religión practicada, el tema de la muerte, lejos de ser un tema tabú como en nuestra sociedad, se trata con libertad y tranquilidad, puesto que para ellos es simplemente el comienzo de una nueva etapa. Llega la reencarnación.

Sin embargo, si la religión prioritaria utiliza el miedo a la muerte para que sus fieles se agarren con fuerza a la fe, al igual que para incorporar nuevos creyentes, el tema de la muerte, se convierte en un tema tabú. Conviene que sigamos teniéndole cierto temor, por lo que es mejor no hablar de ella.

Por desgracia, este enfoque sobre la muerte tiene consecuencias directas en todos nosotros. Nacemos sabiendo que vamos a morir, es ineludible. Así mismo, crecemos y vivimos en un mundo en sociedad donde establecemos múltiples relaciones personales, apegos, vínculos etc. por lo que vivimos la muerte de los otros desde que somos bien pequeños hasta el final de nuestros días.

Siendo algo tan natural y común en la vida de todos, lejos de aprender herramientas que nos ayuden a prepararnos para la muerte del otro o la nuestra propia, intentamos esconderla, hacer que no pasa nada, que estamos mejor de lo que realmente nos sentimos.

Las reacciones de los niños frente a la muerte propia o ajena depende de sus características individuales (temperamento) y madurativas (edad de desarrollo), de su trayectoria vital, de la propia reacción de las personas significativas de su entorno inmediato, de las circunstancias de la muerte y de la importancia y cercanía (real y figurada) de la persona que ha muerto. La comprensión racional depende de su grado de desarrollo cognitivo, mientras que la reacción global y el grado de adaptación dependen también de su desarrollo emocional y del tratamiento que le de el entorno a dicha situación.

Comprensión racional

En mi opinión no hay que mentir a los niños cuando alguien querido fallece. Sin embargo, conviene adaptar la realidad a su edad y su entendimiento, para ello es necesario conocer qué entiende por muerte, un niño en diferentes edades. Por ejemplo, sobre los 4 años creen que es temporal y reversible, posiblemente contagiosa, y piensan que el muerto respira y siente, entre otras muchas cosas. Por lo tanto, es importante hablarle al niño desde su propio mundo, pero introduciéndole el tema de la muerte sin mentiras. No valen las frases como que el perrito se durmió en un largo sueño, o que el canario salió volando en busca de su mamá.

Desarrollo emocional

La base de desarrollo e inteligencia emocional del niño determinará en gran medida el desarrollo de su duelo y la compresión de la situación. Una vez más según la edad del niño, su capacidad para reconocer lo que siente, o para saber expresarlo variará, por lo tanto nuestros comentarios y acciones al respecto también. No sólo va a depender de la edad, si no también de su inteligencia emocional, es decir, de cuanto haya trabajado el niño las emociones en casa y / o en la escuela. A día de hoy, aunque cada vez menos, las emociones siguen sin tener el sitio y el espacio que les corresponde en escuelas y hogares.

Tratamiento del entorno al tema de la muerte concreta de un ser querido.

Un niño sabe y entiende por lo que le cuentan pero también por lo que ve, lo que percibe y lo que siente, que suele ir en consonancia con los sentimientos de los adultos, por la propia empatía. Por tanto un niño unirá sus intuiciones a sus ganas de saber qué ocurre e inventará su propia historia, limitada por su desarrollo cognitivo y condicionada por su edad y las características psicológicas propias de esta, por lo que es probable que aumente su malestar, lejos de sentirse mejor, como los progenitores creen.

Ocultarles la verdad no le protege, los deja más indefensos. De la misma manera, ocultar lo sentimientos propios delante de los niños, e intentar aparentar ser fuertes, lejos de aportarles seguridad y apoyo, les transmite enseñanzas erróneas sobre la gestión emocional.

Cada día se hace más evidente la necesidad de tratar el tema de la muerte como un asunto más de la vida, y no sólo en los momentos en los que fallece un ser querido. Además es necesario que los adultos maduremos en este sentido, y seamos capaces primero de entender y aceptar la muerte de forma sincera para que podamos ayudar a nuestros pequeños en esos momentos que a todos nos toca vivir con tristeza.